Con el campo.

ALARMA EN LA CADENA DE LA CARNE

El asado criollo, amenazado por hamburguesas y patitas de pollo

11/11/2017 | 08:21 | En los consumidores más jóvenes existe una clara preferencia de productos procesados por sobre los cortes tradicionales. El marketing es fundamental.

Hernán Guercio

hguercio@lanueva.com

El viejo axioma que establece que “los argentinos somos carnívoros por naturaleza” bien parece tener a futuro un punto final; o, al menos, puntos suspensivos. La tradicional ceremonia del asado dominguero en familia –sólo reemplazable por las pastas de la nonna o la mamma- parecen haber encontrado en las nuevas generaciones un enemigo mortal: las patitas de pollo y las paty.

Lejos de ser un cuento de ciencia ficción, la tendencia parece ser clara y obliga a pensar inmediatamente en un cambio de estrategia comercial y comunicacional: un estudio que está realizando el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina establece que las carnes procesadas –como hamburguesas tipo Paty o las populares patitas- ocupan un 15% en el presupuesto cárnico de una familia tipo.

No se trata de un porcentaje preocupante cuando se lo compara con el 55% que se llevan la carne de novillo y el pollo. Pero si esa información se extrapola al segmento etario de las generaciones más jóvenes, los alimentos procesados ocupan una proporción mucho mayor, apenas por debajo del 60%; y cuando se piensa que esa decisión fue entre un churrasco o patitas de pollo, para los dirigentes y empresarios de la cadena de la carne empieza a sonar de fondo una sirena de alarma.

“Los chicos comen menos carne –reconoce a La Nueva. el ingeniero agrónomo Adrián Bifaretti, jefe del departamento de Promoción Interna del IPCVA-. Hemos consultado a los consumidores respecto de los hábitos de los niños y adolescentes, y todos nos han confirmado que esto es lo que ocurre”.

A partir de ahí, el futuro se presenta oscuro: cuando a una persona no se la acostumbra desde chica a comer carne, después es muy difícil que se habitúe a masticarla y saber disfrutar su sabor.

“Vemos que se dará un cambio en los gustos y preferencias, más allá de que la argentina es una sociedad carnívora; vamos a tener que prestarle una especial atención a este tema”, aclara.

Para el analista, es necesario determinar la forma de competir con los productos procesados que hoy eligen los más chicos. En esto, el marketing incide, y mucho.

“En este tipo de luchas internas que hemos tratado de testear, vimos que –por ejemplo- las milanesas tienen con qué soportar la presión que le pueden imponer productos como salchichas o patitas. El tema es ¿hasta cuándo lo harán?”, se pregunta.

Según Bifaretti, una clara muestra del poder del marketing en el consumo es lo ocurrido en el mercado de los vinos y las cervezas.

“Hoy, al mismo precio, el vino de mesa no es valorado y dejado de lado; mientras que la cerveza tiene mucha más aceptación, porque se la relaciona con cuestiones como el compartir o el encuentro –analiza-. Por esto, el vino de mesa fue perdiendo espacios”.

Esto está camino de ocurrir con la carne de vaca, frente a productos que cuentan con un enorme aparato de marketing que incluye personajes que pueden ser atractivos para los chicos.

“Esa cuestión no va a tardar en tener más importancia, y por eso tenemos que empezar a trabajar en ello”, considera.

La problemática a futuro es ver cómo competir con estos productos, sobre todo si se pretende mantener un mercado interno que sea atractivo a la carne vacuna. Hoy en día, el 90% de la faena se destina al consumo nacional y solo se exporta el 10% restante; sin embargo, el analista reconoce que “sería razonable” pasar a una proporción del 70/30.

“Lo importante es que lo que se destina al mercado interno sea una carne más valorada por la gente. Nos hemos pasado varios años discutiendo la cuestión del precio de la carne: somos todos carnívoros, pero cuando se mueve un poco la aguja, hace mucho ruido”, cuenta Bifaretti.

Fundamental

En las futuras elecciones de carne, para el argentino promedio, el precio es una cuestión fundamental al momento de elegir un corte.

En caso de una probable caída del nivel de la inflación, las encuestas arrojan que más del 86% de la población compraría más o la misma cantidad de carne de novillo, o más; tan solo el 6,2% directamente no compraría.

Amén de esta posibilidad, entre compradores de carne vacuna a quienes se les preguntó con qué alternativa reemplazarían si encontraran un corte -en este caso, cuadrada- a un precio alto, el 45% reconoció que no lo reemplazaría, mientras que un 40,6% aseguró que compraría pollo y un 38,7% adquiriría cerdo.

Sin peligro

¿Y qué pasa con el asado de los domingos? Para Bifaretti, no ocurrirá nada que lo haga peligrar.

“En esta cuestión de integración de mercados, el asado es uno de los cortes preferidos de nuestro país, como no acontece en otros lugares del mundo. Y si fuera demandado en otros países, jamás alcanzaría el precio -en dólares- que nosotros pagamos por él, debido a todo lo que nos gusta y culturalmente nos representa”, explica.

“Vamos a seguir consumiendo asado y eso es lo que hay que transmitirle a la gente: es una cuestión que tiene que ver con la familia y los amigos, con compartir y la tradición; está íntimamente relacionado con lo emocional del argentino como consumidor”, agrega.

Con 1.000 pesos, ¿qué carne comprarías?

La propuesta que viene haciendo desde hace unos meses el IPCVA es simple: si una persona tuviera un presupuesto de 1.000 pesos para gastar en carne, ¿cómo lo asignaría? Hasta octubre –NdR: la encuesta se desarrollará hasta fin de año en distintos puntos del país- el 55% de ese monto corresponde a la carne vacuna y el pollo, con 33% y 22%, respectivamente.

En un segundo escalón, con el 15% cada uno, quedan el cerdo, el pescado y los productos procesados.

“Cuando se disgrega esa información en las generaciones más jóvenes, los procesados tienen una influencia aún mayor”, señala Bifaretti.

Al analizar los precios en forma estructural, señala, se nota un abaratamiento de las carnes sustitutas, sobre todo del pollo. Para esto, el IPCVA desde hace años establece una relación de valores entre el asado, el pollo y el pechito de cerdo.

Hace unos años, el valor de un kilo de asado estaba muy cercano al kilo de pollo; en la actualidad, un kilo de asado son tres kilos de pollo.

“Eso muestra a las claras una tendencia al abaratamiento del pollo como carne alternativa. En el cerdo se da algo parecido, aunque no es tan marcado”, explica.

También se le ha preguntado a la gente qué haría si en los próximos tres meses baja la inflación: allí se nota un salto importante en el consumo de carne vacuna, pasando de un 43% en agosto al 57% en septiembre.

En cuanto a las carnes sustitutas, en la actualidad el nivel de consumo es de 46 kilos de pollo anuales por persona y de 17 kilos de cerdo, este último con un 80% fresco y el resto en forma de chacinados.

A futuro, en cuanto a la intención de compra de la gente, los que parecen tener más porvenir son la carne vacuna por una cuestión cultural y el pollo por el precio, mientras que el cerdo quedará unos eslabones más abajo.

“En esto último serán decisivos los precios relativos. Creo que en la medida que los índices inflacionarios vayan bajando y la gente recupere poder adquisitivo, el incremento del consumo de carne se irá repartiendo en forma más homogénea entre vacuna y pollo, y menos en cerdo”, considera.Según Bifaretti, el mercado argentino debe comenzar a pensar en una nueva manera de presentar la carne al consumidor nacional, tanto a nivel promocional como en las góndolas.

“Nuestro mercado interno continúa rigiéndose por los mismos parámetros en que lo hacía hace varios años, con la carne expuesta en carnicerías, con muy poca comunicación hacia el consumidor. Siempre digo que, de esa manera, la carne es muda, sin expresión y librada al azar”, explica.

Para ello, el analista remarca que es necesario seguir los modelos de otros países, como Australia y Nueva Zelanda, donde se le da valor agregado a la cane, con -por ejemplo- un mejor packaging.

“Estas cosas no se ven en nuestro país. Por ello, tenemos que empezar a trabajar en esas líneas, en las que uno puede educar y formar al potencial consumidor, brindándole información sobre el corte, permitiendo así que el producto sea más valorado”, sostiene.

En esto, según Bifaretti, no hay más tiempo que perder: el IPCVA debe trabajar para que la carne sea valorada, y que se hable de ella por su valor agregado y no por el precio.

“Si hay algún corte cárnico que no es usado, la función de nuestra institución es enseñar a utilizarlos o cocinarlos. Entonces, si logramos una mayor venta de aquellos cortes que hoy tienen poca salida, estaremos mejorando la integración de la media res, contribuyendo a que todos los eslabones puedan hacer un mejor negocio”, remarca.

A esto también se podrían sumar acciones de marketing mucho más agresivas.

“Por ejemplo, las patitas de pollo son un producto mucho más atractivo a los ojos de un chico que un bife. Y tenemos que empezar a cambiar esa concepción”, señala.